“¡Viva México, en paz! ¡Viva la raza! ¡Viva Caifanes!”. Esas fueron la palabras de Saúl Hernández que fueron coreadas por las más de cinco mil personas que abarrotaron anoche el Aragon Ballroom de esta ciudad para atestiguar el inicio de la gira de reencuentro de Caifanes, a 17 años de la última que hicieron, y de paso también para celebrar junto con el grupo y hasta con un mariachi la independencia de México, que hoy 16 de septiembre festeja 201 años.Noche de nostalgia, de recuerdos, de celebración, y como los mismos integrantes de Caifanes lo habían adelantado: de amor, de respeto y de cariño. Y es que no solo se trataba de volver a escuchar la música de este grupo que a pesar de su corta vida hizo historia en el rock en español, sino también se trató de reconciliación, de ver nuevamente juntos en un escenario a Saúl Hernández y al guitarrista Alejandro Marcovich, otrora los antagonistas más célebres en la escena rockera mexicana.
Y es que sobre el escenario se veía un ambiente similar al de la audiencia. Sí era una banda haciendo música, pero también era una banda disfrutando, divirtiéndose. Así se pudo observar al tecladista Diego Herrera correr por el escenario, bailando, saltando, bromeando con sus compañeros; al bajista Sabo Romo paseándose de igual manera por la tarima, recargándose y/o abrazando a sus compañeros; al baterista Alfonso André golpeando sus tambores con la misma intensidad y soltura como en los primeros años; y a Saúl y Alejandro intercambiando miradas, abrazos, y hasta un beso que el cantante dio al guitarrista en algún momento del concierto.
Fueron casi tres horas de concierto y un total de 27 canciones. Fue un repaso por la discografía del grupo (Caifanes, El diablito, El Silencio, El Nervio del volcán), pero también por los recuerdos de los integrantes del grupo y de los fans que los vieron en aquellos años de finales de los 80 y hasta mediados de los 90. Pero a la vez, fue también una iniciación para todos aquellos fans que ya no los tocó verlos en vivo, o inclusive que no habían siquiera nacido cuando Caifanes ya se había separado.
Así se escucharon los éxitos, esos que convierten un concierto en un karaoke masivo y provocan que se erice la piel: Viento, Para que no digas que no pienso en ti, Miedo, Cuéntame tu vida, Antes de que nos olviden, Los dioses ocultos, La negra Tomasa, La célula que explota, Nubes, Afuera, No dejes qué.
Pero también estuvieron aquellas canciones dedicadas a los fans de hueso colorado. Aquellas que no fueron sencillos en su momento, y que inclusive varias de ellas muy pocas veces fueron tocadas en la primera etapa de Caifanes: Nunca me voy a transformar en ti, La vida no es eterna, Miércoles de ceniza, A no es así, Estás dormida y La bestia humana, ésta última dedicada a Gustavo Cerati, quien tocó la guitarra en la grabación original incluida en el primer disco.
Después de casi tres horas de concierto y dos regresos al escenario, Caifanes concluyó con No dejes qué. Pero el concierto no terminaría ahí, pues Saúl, Alejandro, Sabo, Alfonso y Diego salieron del escenario no sin antes presentar a un mariachi, que remató la noche de celebración de independencia al más puro sabor mexicano.
La gira de Caifanes continúa su paso por Estados Unidos esta noche de 16 de septiembre en Las Vegas, el 17 en San Diego, el 18 en San Francisco, para después continuarla en México y posteriormente regresar en Octubre para ofrecer un par de conciertos en Los Angeles y uno en Nueva York.