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jueves, 13 de octubre de 2016

Bruno Mars estrenó música luego de 4 años

Bruno Mars regresa con nuevos beats: "24K Magic", su primer sencillo en cuatro años. Después de una semana de expectativa en las redes sociales, el músico de 30 años publicó la canción y el videoclip anoche. "Pueden llamarlo mi primer sencillo", dijo Mars, "pero yo lo llamo la invitación a la fiesta".
"24K Magic" fue escrita y producida por Shampoo Press & Curl, con producción adicional de The Stereotypes. El tercer disco de estudio de Mars —también titulado 24K Magic— saldrá el 18 de noviembre. Mars y Cameron Buddy codirigieron el video clip, grabado en las fuentes del Bellagio.
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El jueves, Mars dijo en Twitter que lanzaría el tema: "Ugghh… sobre el sencillo esta noche. Ha sido una semana fuerte, estoy exhausto. También, tengo que buscar a un amigo en el aeropuerto mañana temprano. ¿Lloverá?", escribió. "NAH, A LA M**RDA ESO. No solo publicaré el sencillo esta noche, les voy a mostrar también la portada del disco. ¡¡¡PERO ESPEREN, HAY MÁS!!! No solo publicaré el sencillo y la portada del disco, TAMBIÉN PUBLICARÉ EL VIDEOCLIP DE 24k MAGIC ESTA NOCHE. ¡VAMOS!"
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El cantante estrenó su segundo disco, Unorthodox Jukebox, en 2012. Ganó el Grammy por Mejor Disco Pop Vocal y tuvo cinco exitosos sencillos: "Locked Out of Heaven", "When I Was Your Man", "Treasure", "Gorilla" y "Young Girls". El disco debut de Mars, Doo-Wops & Hooligans, salió en 2010 y vendió más de 6 millones de copias alrededor del mundo. También tuvo cinco exitosos sencillos: "Just the Way You Are", "Grenade", "The Lazy Song", "Marry You" y "Count On Me".

Miguel Bosé: “Engordo y adelgazo como un acordeón”

Nadie es nada para juzgar a nadie. Y menos por un encuentro de 20 minutos con un ídolo de masas en el mejor cuarto de un hotel de lujo durante una sesión de entrevistas de promoción en la que todos formulamos las mismas preguntas y todos obtenemos las mismas respuestas. Sin embargo, a ojo de buena cubera, cabe reseñar un par de novedades en el aspecto, la mirada y la actitud de Miguel Bosé respecto a otro par de encuentros mantenidos hace cuatro años con el mismo personaje en similares circunstancias.
Digamos que Bosé —la estrella—, porque así gusta de autodenominarse para diferenciarse de Miguel —el hombre— ha perdido peso, ha ganado empatía con el de enfrente y su armadura parece haber cedido algún milímetro cúbico. “Me miro al espejo cada día y me siento el mismo, pero si tú lo dices será cierto”, concede, cordialísimo, el escaneado a ojímetro. “Engordo y adelgazo como un acordeón desde los 47 años, tengo buenos y malos días como todos, y la coraza consistía y consiste en hablar de lo que quiero y no de lo que no quiero”, concluye, interpelado al respecto. Y a fe que esto último es absolutamente cierto.
Miguel Bosé, ya se ha visto, está de un humor excelente, pero no se sale un milímetro del guión que ha venido a interpretar en esta ocasión concreta. Llega nimbado por el aura de los muy divinos, posa diez minutos para cuatro escogidos fotógrafos frente a un mural con el logo del producto que viene a vendernos —su nuevo disco, su primer acústico, un Unplugged para la colección de la MTV — y se marcha a conceder un número equis de entrevistas como esta en medio de un revuelo de asistentes susurrándose solícitos por sus pinganillos las idas y venidas del jefe.
Así que he aquí a Miguel Bosé, la estrella, 60 años cumplidos, con sus ojos miel subrayados con lápiz negro, sus exquisitos huesos dibujándole la calavera y su personalísima voz tomada por el constipado que le ha pegado alguno de sus cuatro hijos —Diego, Tadeo, Ivo y Telmo, de entre 4 y 6 años—, que le esperan en su casa de Panamá, adonde se mudó desde Madrid hace tiempo para no tener que separarse tanto de ellos durante sus frecuentes viajes por Latinoamérica. Por ellos son las prisas. Ellos son ahora, dice, su prioridad absoluta.
Y ha sido ahora, con cuatro hijos, 60 años de vida y 40 de carrera, cuando Bosé se ha visto “maduro, seguro y a punto” para desenchufarse. Para transformar en “orgánico” el sonido “informático” que es su marca. “Hubo ocasiones antes, pero tenía miedo. Temía perder mi identidad. Solo cuando Nicolás Sorin, mi productor desde Cardio, me sugirió caminos, y perdí la obsesión por comparme conmigo mismo fue cuando estuve listo”, explica. El resultado, un vídeo y un disco grabado en mayo en México, tardó aún año y medio en concretarse. El tiempo necesario para cuadrar su agenda, la de los invitados —Juanes, Pablo Alborán, Maná—, y la producción exacta de cada tema, desde Nena a Bandido o una nueva bachata de Juan Luis Guerra, a gusto del jefe.
Se le ve satisfecho con el producto. No hay mucho tiempo para hablar del resto. “Claro que me interesa la política. A pesar de los descorazonamientos, esta no deja de ser mi patria, y nunca dejará de serlo. Me duele lo que pasa. Pero me temo que, por mucho interés que tengas, esto no tiene remedio. La situación es extrema. Pero no solo aquí, sino en todo el mundo. El sistema no funciona, hay que resetearlo. Desde los barones hasta los príncipes se tienen que ir a la mierda. Y nosotros tenemos que reaccionar. No somos inocentes, nosotros lo hemos permitido. El cambio pasa por la conciencia ciudadana y un activismo profundo, diario y constante”.
Su prioridad, sin embargo, no deja de asomar la cabeza. Hay un momento en su concierto desenchufado en el que advierte al público de que no sabe si aguantará la próxima canción sin que la emoción le rompa. Se trata de Estaré, el tema que compuso cuando su hijo Tadeo, alumbrado como sus hermanos mediante gestación subrogada, le preguntó cuándo volvería de un viaje y al Miguel padre se le cayeron los palos del palio del Bosé artista. “Quería explicarles que, si quieren sentirme, cuando no esté con ellos, o cuando deje de estar, no tienen más que cerrar los ojos y buscar en su corazón. Pero también por qué están aquí. Son hijos de padre soltero, hijos del deseo. Que entiendan que los tuve porque deseé mucho tenerlos. Si ves a Diego caminar, soy yo. Estoy en sus células. Mi memoria estará en sus células”, te dice, mirándote a los ojos, y, aunque te haya dicho poca cosa, te vas tan contenta de que Miguel Bosé te haya dejado cinco minutos más de los que estaban agendados.

Jennifer Lopez y Marc Anthony se unen de nuevo

Cuando Jennifer Lopez y Marc Anthony anunciaron que habían decidido unirse para hacer un álbum juntos otra vez, fue toda una sorpresa. Del trabajo que están realizando se tuvo más noticias el pasado martes, cuando JLo compartió un vídeo en Snapchat en el que se ve a la expareja en el interior del estudio de grabación. La pareja aparece con un filtro que se asemeja a unos ciervos. Y con él, el mensaje. "Haciendo el tonto en el estudio" y las etiquetas: #Haciendo historia, #de nuevo y #familia.
El nuevo álbum de Lopez saldrá a la venta en 2017, según informó su representante a la revista People. Anthony es el productor ejecutivo del disco y el primer single está previsto que sea publicado en noviembre. Se trata del primer trabajo de la cantante en español desde 2007, año en que grabó Como ama una mujer, que también fue producido por Anthony. Hace unos días, ambos sorprendieron a los espectadores de un concierto del cantante cuando la también actriz se subió al escenario para cantar juntos una canción. Una imagen que no se veía desde 2011.
La pareja siempre se ha llevado bien, al menos en público. "No hablo mucho de nuestra separación en general. Me parece que es algo privado, de verdad. Nunca lo he hecho y creo que nunca lo haré. No creo que sea algo para consumo público", ha dicho JLo en más de una ocasión haciendo hincapié en que ambos aceptan con naturalidad a las nuevas parejas del otro -Shannon de Lima en el caso de Marc y el bailarín Casper Smart, hasta hace poco, en el de Jennifer- por el bien de sus mellizos Max y Emme de 8 años.
En julio de 2011 y después de siete años de matrimonio, Jennifer Lopez y Marc Anthony se separaban. "Ha sido una decisión muy difícil, pero hemos llegado a un acuerdo amistoso en todos los aspectos", decían en un comunicado conjunto enviado a la revista People
Desde que se conocieron, la pareja de puertorriqueños más famosa ha estado rodeada por la polémica, que se agravó cuando en 2004 se casaron, apenas días después de que el cantante obtuviera el divorcio de la exmiss Universo puertorriqueña, Dayanara Torres, con la que tuvo dos hijos, y cuando aún estaba reciente la ruptura del compromiso de la cantante con el actor Ben Affleck. Lopez también lleva a sus espaldas dos divorcios, primero del camarero cubano Ojani Noa y más tarde del bailarín Chris Judd, con quien estuvo casada tan solo un año.

Madonna dará un recital con entradas que cuestan una fortuna y que destinará a fines solidarios

Quien haya ido a verla alguna vez sabe que las entradas para un concierto de Madonna no suelen ser baratas. Pero la reina del pop no tenía el honor de haber puesto a la venta las entradas más caras de la historia, que se vendieron por 83.000 libras esterlinas (algo más de 100.000 euros) para uno de los recitales en Londres de la última gira de Led Zeppelin en 2007. Hasta hoy. Madonna ofrecerá un espectáculo único solo para 400 personas el próximo 2 de diciembre en Miami. Hay dos vías para conseguir ser uno de los exclusivos asistentes. La primera es hacer una donación a través de la ONG Omaze, y desde 8 euros se entra en un sorteo que incluye la entrada, el vuelo a Miami y una noche de hotel. La otra es comprar un ticket. Para ello hay que desembolsar un mínimo de 4.500 euros, que es lo que cuestan los más baratos. Pero si lo que se quiere es disponer de una mesa en un sitio privilegiado para ver el show y sobre todo, un cóctel VIP de bienvenida para conocer personalmente a Madonna y hacerse una foto con ella, hay que pagar mucho más: 140.000 dólares, unos 127.000 euros. Las entradas ya están a la venta pero no se sabe si alguien ya ha soltado esa cantidad por ver a la diva de 58 años. En esta ocasión Madonna, a sabiendas de que pueden volver a adjudicarle el apodo de ‘chica materialista’, justifica estos precios en que ella no se llevará ni un céntimo y todo irá destinado a fines benéficos, en concreto a distintos proyectos de desarrollo en Malaui.
Sería la primera vez que Madonna se prestase a lo que se conoce como meet and greet (conocer y saludar), una oferta que sí ofrecen muchos otros artistas cuando salen a la carretera, especialmente ídolos pop. Suelen ser los paquetes de entradas más caros y pocos artistas se resisten a ello. La última gira de la Ciccone, The Rebel Heart Tour, recaudó 150 millones de euros, y las dos anteriores 280 y 390 millones, todo ello sin hacerse una foto con un solo fan. Ahora Madonna se mostrará más accesible y cercana que nunca para recaudar fondos para su fundación Raising Malawi, que construye escuelas y hospitales pediátricos en ese país africano. Los precios de estos encuentros con foto son de lo más variado dependiendo del artista. Rihanna y Taylor Swift los han ofrecido gratis en sus últimas giras. Ellas seleccionaban a los fans más originales, que eran invitados a pasar detrás del escenario al finalizar el concierto y conocerlas. Ariana Grande y Selena Gomez cobraban alrededor de quinientos euros. Hacerse una foto con los legendarios Kiss en su última gira valía mil. El recuerdo más preciado para una fan de Justin Bieber se valoró en 1.800 euros en su reciente Purpose Tour, y Demi Lovato y Nick Jonas han ofrecido esta experiencia juntos por algo más de 9.000. Una cantidad anecdótica comparada con los 127.000 que pide Madonna. Una cifra por la que diez personas pueden entrar y sentarse en una mesa con una ubicación excelente, pero que solo da derecho a cuatro de esos diez a pasar al cóctel privado y hacerse la foto con ella. El mismo paquete pero para solo una persona cuesta 95.000.
Otro de los aspectos que hacen de este concierto de Madonna algo insólito por sus tarifas es que los fans que decidan pagar tales cantidades por su entrada lo harán sin saber lo que van a encontrarse. Del recital del próximo 2 de diciembre solo se sabe que tendrá lugar dentro del Miami Art Basel, la feria de subastas de arte de la ciudad estadounidense, y que la cantante lo ha anunciado como “una noche íntima de arte, música, travesuras y actuación en vivo con Madonna”. Rara vez la reina del pop ha ofrecido conciertos íntimos y siempre ha apostado por los macro espectáculos en estadios en sus diez giras mundiales. Cuando los ha dado le han generado algún problema. En 2012 durante el tramo europeo de su gira MDNA Tour, decidió casi por sorpresa dar un último concierto en París en una sala pequeña. Las entradas fueron especialmente caras y los fans durmieron toda la noche en la calle esperando un recital exclusivo. Finalmente fue un extracto casi idéntico del show que había ofrecido en el Estadio de Francia las noches anteriores pero esta vez de solo 40 minutos de duración. Parte del público la abucheó.
La imagen que acompaña el anuncio del concierto de Miami es la misma de Tears of a Clown, el concierto exclusivo que regaló a sus fans australianos a principios de este año a través de un sorteo, y que sí tuvo una gran acogida ya que interpretó muchos temas que jamás había cantado en directo. Todavía no se sabe si el de Miami será el mismo espectáculo o la cantante prepara algo nuevo para que a los 400 asistentes les haya valido la pena pagar entre 4.500 y 127.000 euros. Algunos fans han mostrado su indignación por los precios, y se lo han hecho saber a través de las redes sociales. Madonna contestó a una de ellos esto en Instagram: “Los hospitales y la atención sanitaria cuestan dinero, y este dinero no es para mi sino para que muchos niños tengan una vida con salud. Todo lo que voy a hacer en el Art Basel es para salvar la vida a niños. Te animo a que seas caritativa y compartas lo tuyo con los demás en la medida que puedas.Te hará una persona más feliz y dejarás de escribir estos comentarios con falta de información en mi cuenta de Instagram”.

Bob Dylan, premio Nobel de Literatura 2016

Por primera vez en la historia del Nobel de Literatura, la gente no correrá a las librerías sino a las tiendas de discos. Cuando la secretaria de la Academia Sueca Sara Danius ha pronunciado el nombre, han retumbado todos los cimientos. Bob Dylan (1941, Duluth, Minnesota), premio Nobel de Literatura. La sorpresa en los mundos de las letras y la música solo puede ser comparable a la que seguro ha sido una legendaria, hipnótica, imbatible sonrisita pícara del galardonado al enterarse, perdido como siempre en su gira interminable alrededor del mundo, al margen del mito. Era el eterno aspirante, así como un recurrente chiste entre los más escépticos y, sobre todo, más ortodoxos. ¿Un músico, cuya única obra en prosa fue un fracaso, cosechando el mayor de los premios literarios? Imposible. Pero lo imposible –y vivir a contracorriente- es lo que mejor se le ha dado a este compositor que cambió como nadie el concepto de canción popular en el siglo XX, añadiendo una particular dimensión poética a la música cantada. Y tan importante como ese determinante hecho: su influencia, reconocida por los Beatles, los Rolling Stones, Bruce Springsteen y cualquier icono del rock y el pop que venga a la cabeza, no ha hecho más que crecer a medida que ha pasado el tiempo. Ahora, con este premio, y tras haber recibido antes el Pulitzer o el Premio Príncipe de Asturias de las Artes, la onda expansiva da para otro siglo.
El bing bang comenzó a principios de los años sesenta, cuando un Dylan chaval abandonó su pueblo de Minnesota para trasladarse a Nueva York con el fin de dedicarse a la música y conocer en persona a su ídolo musical Woody Guthrie. Provisto de una gorra y una guitarra acústica, incluso inventándose parte de su biografía, recaló en Greenwich Village, el bohemio barrio de Manhattan poblado de cafés y clubes donde conoció ya la palabra afilada de los combatientes cantautores Pete Seeger, Ramblin' Jack Elliott o Dave Van Ronk. Componía a partir del contacto con ellos pero también de la poesía de los surrealistas franceses, especialmente de Arthur Rimbaud, y devorando la prensa diaria, que le daba combustible para esas primeras canciones que cambiaron la cara del folk norteamericano y le dieron un carácter contestatario sin renunciar al aspecto poético. Composiciones como Blowin’ in the wind, Masters of War, The Times They Are a Changing, A Hard Rain's a-Gonna Fall, Mr Tambourine Man o Chimes of Freedom llegaron al corazón de la generación de los sesenta, donde se fraguó la contracultura. “Venid senadores, congresistas, por favor oíd la llamada, / y no os quedéis en el umbral, no bloqueéis la entrada, / porque resultará herido el que se oponga, / fuera hay una batalla furibunda, / pronto golpeará vuestras ventanas y crujirán vuestros muros, / porque los tiempos están cambiando”, cantaba en 1964 con su voz nasal en The Times They Are a Changing, anticipándose al revuelo social y político de Norteamérica.
Fueron en esos primeros sesenta, en su tránsito diario de trovador por Greenwich Village, cuando conoció a los poetas beat. Aquello determinó aún más su visión literaria, a la que impregnó de una fuerza contracultural más incisiva, repleta de instinto y mordiente. Se relacionaba con Jack Kerouac, Neal Cassady, William Burroughs, Herbert Huncke, John Clellon Holmes o Allen Ginsberg, pero aún más importante: había vasos comunicantes. Dylan se fijaba en ellos, pero ellos veían en él al portavoz generacional, sorprendiéndose de su capacidad de captar la agitación, la desorientación, los desamparos y los ideales de aquellos convulsos sesenta. Con sus más de seis minutos de canción, rompiendo en 1965 el molde de single y reventando el concepto de radio comercial, Like a Rolling Stone conquistó el territorio de la ruptura generacional de los sesenta, más que cualquier novela, obra de teatro o película. Como dijo el poeta estadounidense David Henderson, no se trataba de una canción, sino de “una epopeya”.
Acababa de empezar la epopeya de Dylan, que abandonó el folk por el pop, maravillado por el ímpetu desenfadado y juvenil de los Beatles, los Rolling Stones y toda la tropa británica que desembarcó con un éxito monumental en EE UU. Con su sonido circense, de folk-blues-rock acelerado, sin olvidar esas baladas al piano, los álbumes Highway 61 Revisited y Blonde on Blonde elevaron a la música popular a lo más alto del universo cultural. Allí donde antes había un chaval folkie lanzando dardos surgía un merodeador que documentaba las emociones de la extraña realidad.
Según ha declarado con exageración el poeta chileno Nicanor Parra, solo por tres versos de la canción Tombstone Blues, incluida en Highway 61 Revisited, se merece el Nobel. Son los versos: “Mamá está en la fábrica / no tiene zapatos / papá está en el callejón / está buscando un fusible / yo estoy en las calles /con el blues de Tombstone”. “Es realismo real, con la fábrica, el callejón y la cocina, donde está el niño solo con los blues", ha dicho Parra. A decir verdad, son muchos más los versos, que abren imágenes como ventanas a otros mundos posibles y que se recogen en esos dos discos esenciales para el desarrollo intelectual del rock. Esas obras, publicadas entre 1965 y 1966, sirvieron de guía fundamental para los Beatles, los Beach Boys y toda esa irrepetible generación del pop y el rock que protagonizó el siglo XX con sus canciones. Y, sin embargo, fue en esos años cuando, aupado por su propio entusiasmo compositivo y su fama, publicó su única novela Tarántula, una pifia de literatura experimental muy por debajo de toda su obra musical. Está claro que el comité del Nobel no ha tenido en cuenta el aspecto narrativo de Dylan a partir de su único libro, en el que intentó emular en prosa poética a Kerouac, Burroughs o Ginsberg.
El propio Allen Ginsberg fue el que más defendió su obra como un legado literario influyente, que a día de hoy se estudia en algunas universidades y tiene varios ensayos de análisis. De hecho, las primeras noticias acerca de la candidatura de Dylan al Nobel empezaron a llegar en 1996 cuando se organizó en Estocolmo un comité de campaña, apoyado por Ginsberg y Gordon Ball, profesor de la Universidad de Virginia. Ginsberg afirmaba: "Dylan es uno de los más grandes bardos y juglares norteamericanos del siglo XX y sus palabras han influido en varias generaciones de hombres y mujeres de todo el mundo”. Y Ball, por su lado, escribió: “Dylan ha devuelto la poesía de nuestra época a su transmisión primordial a través del cuerpo, revivió la tradición de los trovadores”. Un buen ejemplo de todo esto es un disco como Blood on Tracks. Para explicarse todas las grietas sentimentales del amor, uno puede leer los relatos De qué hablamos cuando hablamos de amor de Raymond Carver, pero también puede coger este álbum de diez composiciones y bucear en sus letras para dar con huellas emocionales que explican los sinsabores del alma humana.
En las últimas dos décadas, Dylan, como siempre pero más que nunca, ha huido de su propio mito, como bien demostró en sus memorias Crónicas, un fabuloso libro lleno de trampas que no tiene nada de autobiografía al uso y sí mucho de literatura, en ese repaso desordenado y fascinante a algunos recuerdos de su vida. En este tiempo, no quiere saber nada de su influencia imponente en la música popular contemporánea o en las letras norteamericanas. No quiere detenerse ni un segundo en preguntarse si es tan valioso para la cultura y el arte como Picasso o John Ford, tal y como no se cansan de decirle. En estas dos últimas décadas, también muchos detractores le han situado en el ocaso de su carrera, lejos de esos años dorados de bardo divino. Pero, en todo este tiempo, realmente, el veterano compositor ha dado frutos conmovedores en discos como Time Out of Mind, Modern Times, Love and Theft o Tempest.
A partir de una melancolía sonora que bucea en las raíces del folk, el gospel o el country, ha creado un universo repleto de símbolos del pasado y evocaciones. La historia norteamericana llegando hasta nuestros días se despliega a través de postales ocres, repletas de personajes anónimos que podrían poblar las novelas de Philip Roth, Richard Ford o Cormac McCarthy en ese retrato espiritual del envés del sueño americano y del imparable paso del tiempo. “Ningún hombre, ninguna mujer sabe / la hora en que llegará el sufrimiento / En la oscuridad escucho la llamada de las aves nocturnas… El sueño es como una muerte temprana”, canta Dylan con voz arrastrada en Workingman’s Blues #2. “Reúnete conmigo al final, no te retrases / Tráeme mis botas y zapatos / Puedes rendirte o luchar lo mejor que puedas en primera línea / Canta un poquito este blues del trabajador”, dice el estribillo.
Esquivo e imprevisible, Dylan hace historia al ser el primer músico que consigue el premio Nobel de Literatura. Ya en 1965, cuando la prensa norteamericana le calificaba del gran poeta de su tiempo, el músico decía: “No me llamo poeta porque no me gusta la palabra. Soy un artista del trapecio”. Durante más de medio siglo, su paso por el trapecio ha sido un irrepetible ejemplo para otros muchos más artistas y personas de todo el mundo que reconocen una deuda con sus letras, con su visión del mundo. Bruce Springsteen dijo una vez: "Si Elvis Presley liberaba tu cuerpo, Bob Dylan liberaba tu mente". Esa capacidad, al alcance de los mejores creadores, es esencia misma de la mejor literatura, de la más trascendente y admirable obra artística.
Bob Dylan, premio Nobel de Literatura. Han retumbado los cimientos, como esa guitarra eléctrica, órgano Hammond, baqueta sobre la caja de la batería y voz punzante acopladas hicieron retumbar el mundo hace más de medio siglo con la arrolladora Like a Rolling Stone, un torrente literario que no deja indiferente. Bob Dylan, premio Nobel de Literatura. El secreto está en las canciones. Allí el trapecista Dylan ha conseguido lo que parecía imposible: que un músico gane el premio más prestigioso de la literatura mundial. Eso sí, que nadie espere que, a diferencia del resto, esto le va a cambiar la vida. Dylan seguirá a lo suyo, en su trapecio, con su sonrisita épica, intentando contarnos cómo sopla el viento.

sábado, 1 de octubre de 2016

Adam Levine: de playboy a padre del año


Es cierto que los niños cambian a cualquiera, y la llegada de Dusty Rose Levine, la primera hija de nuestro coach en The Voice, ha modificado a Adam tanto como a su fama de picaflor.
Adam Levine es, sin dudas, el papacito de The Voice y una estrella de rock por derecho propio junto a su banda Maroon 5. Fama mundial y un aspecto que lo ha convertido en más de una ocasión en candidato al título del hombre más sexy del mundo: Adam es una fuerza imparable.

¿O lo era…?
Es decir: ¿qué pasará con el legado de nuestro jurado favorito ahora que es padre de Dusty Rose Levine, su primera hija, recién nacida? El cambio ya está sucediendo. Adam, además de ser centro de las bromas de Miley Cyrus, Alicia Keys y su “bro” Blake Shelton, se ha convertido en el hombre más tierno del mundo. Pasó de playboy del rock a padre enamorado en un instante, como ha quedado en claro en los últimos días.

El nacimiento de la niña implicó la presencia de Adam Levine en la sala de partos junto a su esposa Behati Prinsloo y ambos lloraron cuando la bebe le dijo “hola” al mundo y cambió sus vidas para siempre. La pareja se casó en el 2014 y declaraciones de terceros dejan en claro que ambos están enloquecidamente enamorados de su “feliz, saludable y hermosa” beba. Esto estaría desterrando los rumores de separación.

Adam ha abrazado la paternidad desde los primeros momentos del embarazo. Atrás quedan los días de supermodelos, excesos y peleas con su esposa. Adam es un hombre enamorado de las mujeres, claro, pero solo que ahora son dos, y ni una más, las que ocupan el centro de su vida: su esposa y su preciosa beba. ¿No es conmovedor?

Demi Lovato versiona una canción de Adele

Demi Lovato ha dejado a todo el mundo con la boca abierta en Ohio. La artista ha versionado, para sorpresa de todo el público, el tema When We Were Young, de Adele. Y lo ha hecho de una forma magnífica.
Durante su gira Future Now, junto a Nick Jonas, Demi se ha atrevido a interpretar este tema sobre el escenario. Como ella misma ha confesado, When We Were Young es una de sus canciones favoritas, pero es tan difícil de versionar que la artista aún no se había atrevido a demostrar que su voz también es capaz de dar la talla en un hit como este. De hecho, la ha interpretado como regalo para los asistentes del Quicken Loans Arena de Cleveland.
 Pero esta no es la primera vez que Demi Lovato canta algún tema de Adele. El pasado año versionó su famoso Hello en el Fall Ball de Seattle, otra actuación en la que también pudo demostrar su gran técnica vocal.

Ariana se plantea pasarse a la música country

Sí, como lo lees. Ariana Grande deja la puerta abierta a cambiarse de estilo musical durante una entrevista en el iHeartRadio Festival de Las Vegas, donde habló de hipótesis proyectos en el futuro.
"Mi abuelo siempre quiso que hciera algo en el mundo del country, y si esa oportunidad llegara, tendría que decir 'hell, yes!", explicó.
Osea, que sí. Aunque confesó que no controla demasiado el género: "Mi padre era un gran fan de Dixie Chicks, eso es lo más country a lo que he estado expuesta, pero estoy dispuesta a aprender". Con lo grande que es esta chica, encaja bien en cualquier estilo, y, si no, no tenemos más que recordar sus imitaciones.
Ariana Grande ha vuelto a hacerlo: ha dejado sin palabras a toda la crítica y, por supuesto, a sus fans. La joven cantante ha demostrado una vez más su magnífico directo y su capacidad para ponerse en la piel de otros artistas.
En este caso, Ariana Grande ha homenajeado a Whitney Houston versionando dos de sus éxitos: How Will I Know y Queen Of The Night. En la final del programa Greatest Hits, de la cadena ABC, Ariana se ha subido al escenario con un estilismo muy singular para hacer un gran tributo a Houston.
 Con su nuevo flequillo recto, con unas particulares gafas y unas botas imposibles. Así se ha presentado Ariana Grande ante el público. Pero esta no es la primera vez que se atreve con un tema de Whitney Houston ya que en su gira Honeymoon Moon, Ariana ya incorporó el tema I have nothing.

Juanes dice que cumplió sueño al colaborar con 'Juanga'

El cantautor colombiano Juanes aseguró que cumplió un sueño al haber conocido y cantando a dueto con el compositor mexicano Juan Gabriel.

"Fue muy bonito, muy especial, porque cuando yo me enteré que esto iba a pasar, lo primero que hice fue decirle al presidente de la compañía que me encantaría estar ahí, que sería un sueño", aseguró el músico en entrevista.

"Primero que todo, conocer a Juan Gabriel, y sobretodo, cantar esta canción de 'Querida', que para mí, digamos que de muchas canciones esa me recuerda muchas cosas", confesó.

Juanes participó en el disco "Los Dúo" de "El Divo de Juárez", fallecido el pasado 28 de agosto a causa de un infarto, con la canción "Querida", cuyo video se estrenó a principios de año.

"Cuando el presidente de la compañía habló con Don Alberto Aguilera, pues él dijo que sí, y entonces fue muy bonito yo no lo podía creer", insistió.

"Me fui para Cancún a conocerlo esa vez y a grabar la canción, fui a su casa, al estudio que tiene ahí y fue increíble, un encuentro inolvidable, porque además de haber conocido al gran artista que será por siempre, conocí a un ser humano muy especial, generoso, y digamos que se dio ese sueño muy especial".

Al cuestionarle sobre la melodía, una de las más icónicas de Juanga, el cantante reconoció que también es una de sus favoritas ya que le recuerda su infancia, por lo que siempre se mostrará agradecido de que el mexicano haya aceptado hacer el dueto con él.

"Yo soñaba que fuera esa canción. Hay muchas canciones de Juan Gabriel, tiene demasiadas, pero digamos que 'Querida', por alguna razón de la infancia o de la vida, me conecta con algún momento, como que quizá recuerdo a mi mamá o a mis hermanos cantándola y me da muy buena onda".

"Me siento muy afortunado y honrado de haber podido haber estado cerca de él, haberlo conocido. Fue una gran pérdida para la música".

Juanes visitó la Ciudad de México hace unos días para grabar el video de "Fuego", primer sencillo de su nueva producción discográfica titulada "Mis planes son amarte".

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